Endhó: cuando las nubes tocaron el suelo de Mitzi Falcón desafía directamente las representaciones tradicionales del paisaje mexicano, particularmente aquellas moldeadas por Gabriel Figueroa. Mientras la cinematografía de Figueroa glorificaba la tierra mexicana como símbolo de identidad nacional, las imágenes de Falcón exponen la violencia ambiental infligida sobre ella. Su trabajo documenta la lenta degradación de la presa Endhó, un cuerpo de agua antes prístino y ahora contaminado con desechos industriales y urbanos.
La fotografía de Falcón subvierte la estética de lo sublime al transformar el paisaje de un sitio de asombro en un espacio de duelo y colapso ecológico. Sus imágenes capturan la violencia lenta de la contaminación: un proceso difícil de visualizar pero devastador en su impacto. A diferencia de las amplias vistas cinematográficas de Figueroa, que construyen una visión idealizada de México, Falcón presenta la tierra como un archivo de destrucción, obligando al espectador a enfrentar las consecuencias de la industrialización descontrolada.
Si, como sostiene W.J.T. Mitchell, el paisaje es a menudo una herramienta de poder ideológico, Falcón lo recupera como un sitio de duelo y testimonio. Ella no está inspirada por el nacionalismo. En cambio, la motiva su historia personal con la tierra y el sufrimiento directo ante el colapso ambiental. Su trabajo recurre a temas como la memoria colectiva, la resiliencia social y la conexión humana. En lugar de mitologizar la tierra, opta por abrir las heridas de la posmodernidad. El concepto de Nicholas Mirzoeff sobre “el derecho a mirar” encaja bien con su obra, pues desafía la autoridad tradicional de la cultura visual en la construcción de narrativas de identidad y poder. Mirzoeff argumenta que “el derecho a mirar reclama autonomía, no individualismo ni voyeurismo, sino la reivindicación de una subjetividad política y de una colectividad”. A través de esta perspectiva, Falcón exige una reevaluación crítica de cómo se representan los paisajes y quién tiene la agencia para definir su significado.
Estos marcos teóricos sobre paisaje, poder y violencia nos ayudan a comprender la complejidad de las imágenes de Falcón. Al analizar de cerca su serie Endhó, vemos cómo estas ideas se materializan visualmente. Su ensayo fotográfico documenta la transformación de la presa Endhó en Tepetitlán, Hidalgo, un cuerpo de agua antes considerado un paraíso y hoy uno de los sitios más contaminados de América. Este cuerpo de agua, antes símbolo de vida, es ahora emblema del colapso ambiental y la resiliencia comunitaria.
Las imágenes de Falcón engañan a primera vista con sus cielos dramáticos, nubes etéreas que parecen tocar la tierra y paisajes extensos que remiten a la representación del paisaje mexicano durante la Época de Oro del cine (1930-1950). Sin embargo, al observarlas con detenimiento, esas nubes que parecen tocar el suelo son, en realidad, espumas químicas altamente tóxicas formadas a partir del agua contaminada de la presa. Su quietud surreal oculta una realidad gravísima.
La presa Endhó está en el corazón de un caso aterrador de devastación ambiental. El efecto irreversible de las aguas residuales provenientes de la Ciudad de México y el Estado de México no solo ha alterado el ecosistema, sino que también ha cobrado vidas, con la comunidad local pagando el precio de las industrias capitalistas y las refinerías petroleras. Estas aguas contienen una mezcla tóxica de sustancias —incluyendo butanodiol, nitratos y metales pesados como cadmio, plomo y zinc— que superan los niveles de seguridad y han contaminado suelos, cultivos y aguas subterráneas. Asfixian el agua de oxígeno, matando lentamente peces y otras formas de vida acuática. En su lugar, plantas invasoras como los lirios acuáticos han tomado el control, bloqueando la luz solar y convirtiendo la presa en un pantano estancado. Estas aguas oscuras y quietas se han convertido en el caldo de cultivo perfecto para mosquitos, especialmente Culex, que transmiten enfermedades como dengue, fiebre amarilla y encefalitis. Desesperados, los residentes han recurrido a usar gasolina y químicos prohibidos como el DDT para combatir la infestación —medidas que terminan dañando su propia salud y los exponen a riesgos a largo plazo como el cáncer y trastornos hormonales. Es un ciclo de contaminación y supervivencia, donde la comunidad debe lidiar con las consecuencias de decisiones tomadas lejos de sus hogares.
Las composiciones de Falcón enfatizan esta tensión entre belleza y devastación. El formato en blanco y negro de alto contraste evoca la iluminación dramática de la cinematografía clásica mientras revela la cruda realidad de la contaminación. La manera en que el agua aparece en sus imágenes —ya sea como superficie reflectante o como masa indistinguible de contaminación— refuerza las contradicciones inherentes a la percepción del paisaje. El juego entre luz y oscuridad, movimiento y quietud, invita al espectador a moverse entre la nostalgia y la crisis.
Falcón confronta al espectador con la violencia ambiental. Para ella, el concepto de lo sublime y el de violencia lenta están entrelazados. Edmund Burke describe lo sublime como “deleitoso cuando tenemos una idea del dolor y el peligro, sin estar realmente en tales circunstancias; este deleite no lo llamo placer, porque depende del dolor y porque es suficientemente distinto de cualquier idea de placer positivo”. Sus fotografías muestran una belleza del deterioro ambiental que resulta “bella” solo porque el espectador no está atrapado en esas aguas contaminadas; es aparentemente distante y, por tanto, sublime. Este deterioro es lo que Robert Nixon llama violencia lenta: “una violencia que ocurre gradualmente y fuera de la vista, una violencia de destrucción retardada que se dispersa a través del tiempo y el espacio, una violencia de desgaste que típicamente ni siquiera se percibe como violencia”. Capturar la violencia lenta es difícil, pero Falcón lo logra al mostrar imágenes que obligan a reconocer la contaminación que a menudo pasa desapercibida.
Endhó es también profundamente personal. Para Falcón, no es solo un sitio de preocupación ecológica, sino también una herida biográfica: la casa de su familia estaba a apenas 18 metros de uno de los canales que alimentan la presa. La contaminación se filtró en sus vidas, envenenando todo a su alrededor. Es un espacio atravesado por el duelo: duelo por su infancia, por la tierra misma y por su abuela, quien decidió quitarse la vida allí. Esa tierra ya no ofrece el refugio idílico que solía ofrecer a generaciones anteriores. Se ha convertido en un repositorio del trauma.
La intimidad de la conexión de Falcón con las aguas tóxicas convierte a Endhó en algo más que un lamento visual; es un acto de resistencia. Donde cineastas antes construyeron un México legendario para inspirar admiración, Falcón reconstruye sus ruinas para exigir rendición de cuentas al gobierno. Nixon sostiene que “uno de los desafíos más urgentes de nuestra era es cómo ajustar nuestras rápidas erosiones de la atención a las lentas erosiones de la justicia ambiental”. En lugar de ofrecer consuelo nostálgico, las imágenes de Falcón subrayan la urgencia de reparar vidas sistemáticamente marginadas que siguen siendo desproporcionadamente afectadas por la violencia lenta del capitalismo.
El paisaje no es un telón de fondo neutral, sino un sitio de poder, historia y lucha. Desde el sublime romántico hasta la crisis ecológica contemporánea, las representaciones del paisaje moldean y reflejan realidades ideológicas y políticas más amplias. Al involucrarse con teorías sobre lo sublime, la violencia ambiental y la estética decolonial, Falcón revela narrativas ocultas incrustadas en las imágenes del paisaje y desafía las estructuras que las sostienen.
A través de la serie fotográfica Endhó, Falcón quiso capturar el paisaje mexicano y transformarlo. Sus obras llaman al espectador a enfrentarse a una tragedia hermosa que no debe ser ignorada. La presa se presenta como herida y espejo, reflejando las consecuencias de la industrialización, pero también como una oportunidad para reflexionar sobre nuestro potencial de sanación. Quizás algún día, las nubes dejarán de flotar tóxicamente sobre la presa y reclamarán su lugar en el cielo, reflejándose sobre aguas restauradas a su claridad natural.
La obra de Falcón exige acción, instándonos a confrontar la violencia ambiental de hoy para asegurar que el paisaje no quede reducido a un archivo ruinoso de explotación industrial.
En última instancia, Endhó plantea preguntas urgentes sobre el papel de la fotografía en la representación de la devastación ecológica. A medida que los paisajes mexicanos siguen transformándose bajo presiones industriales, capitalistas y ambientales, ¿cómo serán retratados? Estas representaciones moldean nuestra conciencia y nuestras respuestas ante la violencia ambiental. La tarea, quizás, sea redefinir el mito de la tierra de una manera que facilite el trabajo político de reparación, restitución y restauración, en lugar de perpetuar su ruina.
Sofía Sánchez Borboa